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EL MINISTERIO
SANADOR DE JESÚS
Rev. Horacio Latté
En Isaías capítulo 61, vs.
1 a 4 leemos sobre el ministerio de Sanidad
Interior de Jesucristo. |
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¿Qué
significa ser ungido?
• Ser consagrado.
• Ser separado para una obra y que el Espíritu
de Dios dote de cualidades para poder llevarla a cabo.
• Ser el elegido de Dios.
¿Para
qué obra fue enviado y capacitado Jesús?
Para predicar buenas nuevas, buenas noticias.
¿Cómo
podría haber buenas nuevas si no hubiera nada malo
o nada que arreglar?
Meditemos el Salmo 19:12,”¿Quién está
consciente de su propios errores? ¡Perdóname
aquellos de los que no estoy consciente!”
¿Habrá
algo que necesite recibir de estas buenas nuevas que anuncia
Jesús, o bien, que necesite ser renovado en algún
aspecto de tu vida?
¿A
quiénes predica Cristo las buenas nuevas?
Lucas 4:18 dice "...a los pobres...”
Aquí se refiere a los pobres de espíritu.
Mateo 5:3 dice que los pobres en espíritu son bienaventurados
y que de ellos es el Reino de los cielos.
¿Cuanto más pobre soy en espíritu,
más cerca estoy de Dios? ¿No parece un contrasentido?
Pero no lo es.
Pobre
de espíritu es aquel que es consciente de su indigencia,
de sus carencias, de sus necesidades; por lo tanto, necesita
que el Espíritu Santo obre en él; 1 de Pedro
5:5 dice que "Dios se opone a los orgullosos, pero
da gracia a los humildes".
Entonces,
debemos admitir la necesidad para que el Espíritu
Santo pueda sanar y restaurar áreas de nuestra vida
(mente, espíritu) y no sólo de nuestro cuerpo.
El
poder sanador del Señor no tiene límites ni
en espacio ni en tiempo.
En
Isaías 61:1 leemos que estas buenas noticias son
también para los abatidos.
¿Qué
significa estar abatido?
Es estar desalentado, sentirse derrotado: "No doy más".
Abatido
es el que bajó los brazos y está convencido
de que es demasiado lo que está sufriendo y que nada
podrá levantarlo. ¿Depresión, tal vez?
¿Estados de angustia constantes? ¿Ansiedad?
¿Sensación de no poder con la vida? El Salmo
118:17 dice: "No he de morir; he de vivir para proclamar
las maravillas del Señor".
El
Ministerio de Jesús incluye, también, a los
quebrantados de corazón.
¿Qué
quiere decir quebrantar?
Despedazar con violencia, hacer trizas, hacer pedazos.
Violencia es avasallar (llevar por delante) tanto física,
verbal como moralmente. Desprecio, castigo, destrucción,
que otras personas ejercieron sobre tu vida y que te dejaron
heridas.
Violento
también es cualquier acto de abandono del cuidado
en las etapas de indefensión de la vida (niñez,
vejez). El abuso, de cualquier tipo, hace pedazos el corazón.
Cristo está dispuesto a unir los pedazos de los corazones
quebrantados…si le entregamos todos esos pedazos.
No se puede decir: “esto no, porque quiero seguir
siendo enojoso o rebelde”.
Dice
la Palabra: "…a proclamar libertad a los cautivos…"
¿Quiénes son los cautivos?
Los que están atados por influencias engañadoras
y destructivas.
¿Hay alguien que influye en tu vida de manera que
no puedas crecer espiritualmente?
¿Hay
alguien que pese tanto en tus decisiones, que te tenga trabado
para edificar un buen matrimonio, una relación adecuada
con tus hijos o con tus padres; una vida espiritual libre
en Cristo?
¿Hay
algo (tradiciones, creencias familiares, mandatos) que tenga
atada tu fe?
Cristo es quien perdona nuestros pecados y pone en libertad
a los oprimidos por el diablo.
Hay muchas personas prisioneras del pánico, del temor,
de la ansiedad. Cautivos de las dependencias, de las adicciones.
Cristo
vino a dar libertad a los que viven presos y dominados por
las compulsiones: a comer sin medida, a mentir en todo,
a gritar, a ser violento.
Él puede abrir las cárceles donde te apresan
la ansiedad, la incredulidad, el temor a malas noticias,
la vergüenza.
Dice
el vs. 2 "a pregonar el año del favor del Señor…”
El año del jubileo se proclamaba -entre los judíos-
una vez cada cincuenta años; eran devueltas las tierras
que habían sido usurpadas y eran libres los esclavos.
Jesucristo
viene a proclamar el Nuevo Pacto, el nuevo tiempo de ganancia,
de hacer las paces con Dios, de ser perdonado, de recibir
la vida eterna. A partir de la venida del Mesías,
Jesús, es el tiempo en que Dios nos acepta y nos
salva por medio de su Hijo amado.
Recuerda
que esta aceptación es por gracia, es un favor inmerecido
por Su sacrificio. Con el mero hecho de aceptar al Hijo
como Señor y Salvador, activamos esa proclama de
"buena voluntad" de Dios hacia nosotros.
Y
dice luego "a consolar a todos los que están
de duelo".
Consolar es aliviar la pena o el dolor de alguien.
Leemos en Job 5:11 "…y da seguridad a los enlutados".
Cuando sufrimos una pérdida muy grande, no sólo
sentimos un profundo dolor, sino también que nos
falta algo de nosotros mismos, como si hubiera muerto una
parte de nosotros.
Esto nos hace sentir inseguros, tambaleantes, con sensaciones
extrañas, como si no nos reconociéramos a
nosotros mismos.
El Espíritu de Dios fue enviado como nuestro Consolador.
Él es quien ayuda, levanta y alivia nuestro esfuerzo
y nuestro dolor.
Dice
el vs. 3: "...y a confortar a los dolientes de Sión.
Me ha enviado ha darles una corona en vez de cenizas, aceite
de alegría en vez de luto, traje de fiesta en vez
de espíritu de desaliento".
Hay buenas nuevas también para los que se sienten
como "muertos en vida", los que parecen estar
cubiertos por la ceniza y la muerte, tanto emocional como
espiritual.
La
ceniza es bíblicamente señal de tristeza,
dolor, muerte. La ceniza evoca lo destruido. ¿Qué
está destruido en tu vida? Tal vez, ¿la capacidad
de pensar, de soñar, de tener esperanza en una vida
nueva y diferente?; ¿la capacidad de creer, de gozar
de lo que tenés?; o quizás, ¿la capacidad
de poder relacionarte con los demás o la de construir
una familia?
Jesús
ofrece “manto de alegría” en lugar de
espíritu de desaliento. Manto en su raíz hebrea
alude a algo que arropa, que cubre sin costuras, sin intersticios.
Algo que resguarda de todo lo hostil, lo destructivo. Este
manto de alegría es la antítesis del lamento,
es el manto de alabanza.
¿Estas
alabando a Dios? o ¿sólo le estas pidiendo
y pidiendo, sin darle gracias por lo que ya ha hecho, lo
que hace y lo que hará?
Él
puede cambiarte esa identidad de "doliente de Sion"
y puedes empezar a llamarte "árbol de justicia”,
plantío de Dios, huerto de Dios, fruto de la obra
vivificadora del Espíritu Santo.
¿Cómo es un "árbol de justicia"?
El Salmo 1:3 te responde: "Es como el árbol
plantado a orilla de un río que, cuando llega su
tiempo, da fruto y sus hojas jamás se marchitan.
¡Todo cuanto hace prosperará!"
Cuando
llega Su tiempo…el tiempo de Dios, no el tuyo. En
el tiempo de Dios hay "frutos", resultados, vida
nueva para lo que estaba seco y marchito.
Versículo
4: "Reconstruirán las ruinas antiguas, y restaurarán
los escombros de antaño; repararán las ciudades
en ruinas, y los escombros de muchas generaciones".
Si crees que tu vida no tiene arreglo, te falta conocer
esta promesa.
Todo
lo que está hecho escombros, arruinado -aún
en el pasado más remoto de tu vida, aún en
relación con ataduras espirituales de las generaciones
pasadas, todo… será reedificado en Cristo Jesús.
Ya no serán más verdades las "supuestas
verdades" que escuchaste como "mandatos"
para tu vida. "En esta familia todas las mujeres terminan
abandonadas". "Somos una familia de ateos desde
hace muchas generaciones".
Para
Cristo no existe el refrán popular: "de tal
palo tal astilla".
Dice Ezequiel 18:20 "…pero ningún hijo
cargará con la culpa de su padre, ni ningún
padre con la del hijo…"
El
Señor trata, personalmente, con cada uno de nosotros.
Puede sanarte a ti, aunque tus padres no quieran ser sanados;
aunque tu esposo o tu esposa no quiera cambiar. Debes entender
que tu Sanidad Interior es personal.
Cristo
puede hacer la remoción de una identidad que te trae
problemas, conflicto, desdicha.
Cuando el Espíritu Santo obra, se puede forjar una
identidad nueva. Puedes saber quién eres con lo que
Dios te dio y con lo que Dios quitó. Sólo
Él puede hacerte una nueva criatura.
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