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Entendiendo
la Depresión
Rev. Horacio Latté
Hay
cristianoss que entienden muy poco sobre
la depresión y a aquellos que
la padecen, tal vez porque no han tenido
que pasar por esa experiencia o simplemente
por ignorancia.
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No
es correcto admitir que alguien que no sufre ni ha sufrido
de depresión sea más “espiritual”
que otros que sí la han padecido.
Satanás quiere
usar las emociones fatigadas y hacernos creer que éstas
implican un estado espiritual de derrota.
Esto también
está ejemplificado en la historia de Elías,
cuando Jezabel profiere su amenaza contra él:
“Que los dioses me castiguen sin piedad si mañana
a esta hora no te he quitado la vida como tú se la
quitaste a ellos”. (1ra Reyes 19:2)
Elías venía
de un día agotador luego del enfrentamiento con los
profetas de Baal, en presencia de todo Israel, que tendría
que decidir si iba a seguir a Dios o a los Baales.
Para esto Elías
propuso que se trajeran dos bueyes y que se pusieran sobre
la leña sin prenderle fuego; luego cada uno invocaría
a su dios y el dios que respondiese con fuego del cielo,
sería el Dios verdadero.
Desde la mañana
hasta la tarde danzaron, gritaron los profetas de Baal y
cortaron con cuchillos como era su costumbre hasta quedar
bañados en sangre, pero sin resultado alguno porque
nadie los escucho.
Cuando al atardecer,
a la hora de los holocaustos, le tocó su turno a
Elías, tuvo que realizar varias acciones: reparar
el altar del Señor que estaba en ruinas, elegir doce
piedras por cada tribu de Israel para construirlo, cavar
alrededor del altar una zanja, colocar la leña, descuartizar
el buey y presentar los pedazos.
Además, hizo
llenar cuatro cántaros de agua y vaciarlos reiteradas
veces sobre el altar hasta que el agua lo había mojado
todo y desbordó la zanja.
Entonces dio un paso
adelante y oró así: “Señor, Dios
de Abraham, de Isaac y de Israel, que todos sepan hoy que
tú eres Dios en Israel, y que yo soy tu siervo y
he hecho todo esto en obediencia a tu palabra. Respóndeme,
Señor, respóndeme, para que esta gente reconozca
que tú, Señor, eres Dios, y que estás
convirtiendo a ti su corazón”.
En ese momento cayó el fuego del Señor y quemó
el holocausto, la leña, las piedras, y el suelo,
y hasta lamió el suelo. Cuando todo el pueblo vio
esto, se postró y exclamó: ¡El Señor
es Dios, el Dios verdadero! (vs. 36 y 38)
Pero la tarea de
Elías no había terminado, después de
esto ordenó que agarraran a los profetas de Baal
y él mismo los ejecutó a todos en el arroyo
Quisón.
Luego el profeta
de Dios, subió a la cumbre del Carmelo y allí,
doblado sobre sus rodillas, oró por lluvia y mandó
a su criado a ver si había señales de la misma.
Recién la
séptima vez que salió, vio una nube como la
palma de una mano. Y solo con esa señal Elías
mandó avisar que se venía una fuerte lluvia.
Y así sucedió, como el profeta lo había
indicado.
Sin duda, todos estos
acontecimientos protagonizados por el profeta Elías
en un mismo día, agotaron sus fuerzas físicas
y lo afectaron en sus emociones.
Seguramente después
de semejante desafío y de concretar tan singular
victoria delante del pueblo de Israel estarían agotadas
sus fuerzas. Se sentiría cansado.
Recuerde lo que escribe
el apóstol Santiago en su carta en el capítulo
5 versículo 17:“Elías era un hombre
con debilidades como las nuestras”.
Es en ese preciso
momento en que Jezabel profiere su amenaza y hace que el
profeta tema y huya: “Elías se asustó
y huyó para ponerse a salvo.” (1ra. Reyes 19:3)
De los 150 Salmos que hay en la Biblia, muchos se refieren
a la depresión.
“Cansado estoy
de sollozar; toda la noche inundo de lágrimas mi
cama, ¡mi lecho empapo con mi llanto!” (Salmo
6:6)
“Vuelve a mí
tu rostro y tenme compasión, pues me encuentro solo
y afligido; crecen las angustias de mi corazón; líbrame
de mis tribulaciones.” (Salmo 25: 16 y 17)
“Mira a mi
derecha, y ve: nadie me tiende la mano. No tengo donde refugiarme;
por mí nadie se preocupa.” (Salmo 142:4)
Para tener una comprensión
mayor de este cuadro, de este síndrome, es conveniente
dar un detalle de los síntomas que mejor lo describen
y tener en cuenta que los mismos pueden ser leves, moderados
o graves, según el tipo de depresión de que
se trate.
Los principales síntomas
suelen ser:
Pérdida de
interés por las cosas de la vida como las salidas,
el trabajo, el estudio, la atención y cuidado de
la casa. Es común distraerse.
Hay abulia, desganado,
indiferencia, apatía. Se produce astenia, decaimiento,
lasitud, flojedad. Entonces la persona depresiva se queja
de cansancio y suele describir dolores musculares o de las
articulaciones óseas como los de los cuadros gripales.
Este desgano va produciendo
un bloqueo de la conducta habitual.
Si acostumbraba visitar
a sus familiares o a sus amigos, deja de hacerlo, no concurre
a la iglesia con la asiduidad habitual o se aparta.
Sus salidas de cualquier
tipo se restringen, al límite de salir lo indispensable.
Es notable como pierde
el interés por su vestimenta, pudiendo llegar al
desalíneo.
No come adecuadamente
o como era su hábito.
Ve televisión,
pero no la mira.
Busca refugio en
un mundo interno, el mundo del depresivo es un “valle
de sombras”, comienza a ser quejoso diciendo: “qué
vida la mía”.
“Los ojos se me apagan a causa del dolor; todo mi
esqueleto no es más que una sombra.” (Job 17:7)
Está en una constante “rumiación”
de ideas negativas.
Las personas en estado
depresivo emiten frases de este tipo:
“Todo lo ven sencillo, se creen que es fácil
lo que me está pasando, no puedo salir de esto”.
“Siempre que quiero salir adelante, algo pasa”.
“Todo me sale mal. No vale la pena intentar nada”.
“Voy a terminar perdiendo todo”.
“Todo lo que hice en mi vida, no vale nada”.
Le “tira”
la cama, recordemos que la cama es símbolo de refugio,
de acompañamiento, de seguridad y de cuna. La cama
suele transformarse en el “lecho de enfermo”,
ya que el estar enfermo tiene beneficios secundarios.
En la depresión
se observa, también, lo que se conoce como Facie
(expresión) desencajada, piel pálida, piel
tensa, ojos llorosos o tristes.
El síntoma
de la inhibición automotriz podría decirse
que es lo más grave que le puede suceder.
En este se produce
una disminución o cese de las funciones biológicas,
psíquicas, sociales y espirituales.
Es “dejarse
morir”. En un caso extremo y sin atención adecuada
se puede llegar a la muerte.
La pregunta que muchos
se hacen es: ¿y el suicidio?
De un estado depresivo,
de un duelo patológico se puede llegar al suicidio,
a la puesta en acto de ver internamente “todo muerto”.
El suicida ve en
la muerte una supuesta “paz”, una forma de poner
fin a esa vida que no soporta.
“Vivir así
no puedo”. Elías escapa de la vida y pide la
muerte.
“Entonces Jezabel
envió un mensajero a que le dijera a Elías:
Que los dioses me castiguen sin piedad si mañana
a esta hora no te he quitado la vida como tú se la
quitaste a ellos. Elías se asustó y huyó
para ponerse a salvo. Cuando llegó a Berseba de Judá,
dejó allí a su criado y caminó todo
un día por el desierto. Llegó donde había
un arbusto, y se sentó a su sombra con ganas de morirse.
Estoy harto, Señor, -protestó- Quítame
la vida, pues no soy mejor que mis antepasados.” (1ra.
Reyes 19:2-4)
Job lo expresa de
la siguiente manera: “Tengo en poco mi vida; no quiero
vivir para siempre.¡Déjame en paz, que mi vida
no tiene sentido!” (Job 7:16)
El insomnio es otro
de los síntomas recurrentes en el depresivo. Este
trastorno del sueño que se caracteriza en su estado
crónico por frecuentes interrupciones del dormir,
provoca fatiga e irritación durante el día.
El insomnio es una
de las señales de la depresión, y a su vez,
puede ser motivo de depresión.
Existe variación
en el humor del depresivo, hay tristeza leve, se vuelve
intolerable al dolor, tiene lo que comúnmente llamamos
mal humor y es quejoso.
Aparece la ansiedad
como expresión orgánica de la angustia, se
presenta presión en la garganta, nudo en él
estomago, contracturas en la nuca, mareos y cefalea.
Muchas veces se presenta
lo que se conoce con el nombre de depresión enmascarada
o larvada, en la cual sólo aparece algún síntoma
orgánico errante, difuso.
No se correlacionan
con los síntomas propiamente dichos de la afección
orgánica. Entonces los profesionales dicen que hay
un lenguaje de órganos (gastritis, nudo en el estómago,
etc.). Estas formas de manifestaciones orgánicas
a veces son la única manera de presentarse estas
depresiones.
Otro síntoma
común es la inquietud ansiosa, se produce excitación
psicomotriz como movimiento de manos, sobresaltos, etc.
También deambulan, van y viene de un lado para otro
sin aparente necesidad.
Tiene quejas monotemáticas (“que mal, que mal”)
y repetitivas.
Aparece otro sentimiento
de culpa, diferente a sentir culpa por el pecado, que es
el remordimiento, pero con una sensación de contorno
impreciso, no puede ser precisado su origen.
Tal vez Elías
era culposo, perfeccionista (sintió necesidad de
arreglar el mundo sin el Espíritu Santo), probablemente
quiso ver convertida a Jezabel, y como no lo logró,
no pudo ver la victoria que Dios le había dado. “No
soy mejor que mis padres, no valgo nada”. No consiguió
su ideal. Se deprimió. Esto, sumado al agotamiento,
lo desanimó y se desmoronó.
A diferencia de nosotros,
Elías no pudo leer en el evangelio la enseñanza
de Jesús aplicable a estos casos. Mateo 10:14 dice:
“Si alguno
no los recibe bien ni escucha sus palabras, al salir de
esa casa o ese pueblo, sacúdanse el polvo de los
pies”.
Frecuentemente trato
con hermanos que se “deprimen” por no haber
podido llevar a sus relaciones a los pies de la cruz, después
de largo tiempo de anunciarles las buenas nuevas.
Es notable el aislamiento
social, comienza la incomunicación, no atienden el
teléfono ni quieren ver a nadie.
Lo vemos en el pasaje
de 1ra Reyes 19 cuando Elías se aisla en la cueva.
Elías se aisló,
no sólo por el temor a perder su vida por la amenaza
de muerte de Jezabel. Se metió en la cueva porque
estaba sufriendo.
“Más
tarde la palabra del Señor vino a él. -¿Qué
haces aquí, Elías? –le preguntó.
–Me consume mi amor por ti, Señor Dios Todopoderoso-
respondió él-. Los israelitas han rechazado
tu pacto, han derribado tus altares, y a tus profetas los
han matado a filo de espada. Yo soy el único que
ha quedado con vida, ¡y ahora quieren matarme a mí
también!” (vs. 9 y 10)
No podía con
su vida.
La persona depresiva
nos da esa idea de estar metida en una cueva, rumiando lo
negativo y queriendo dormir.
Veamos qué
tratamiento le dio Dios a Elías, que prescripción,
que indicaciones y con qué comprensión de
lo que pasaba dentro de él.
En principio veamos
como estaba Elías:
1) Tenía la
sensación de fracaso. Ignoraba la victoria, el triunfo.
Sólo veía lo negro. Hay un velo en el depresivo
que lo hace verse perdedor, distorsiona los hechos reales,
mal orienta sus percepciones.
2) Tenía un gran sentimiento de soledad. Él
creyó que estaba solo en el conflicto por la verdad
y la justicia de Dios. Generalmente las personas depresivas
se quejan de su soledad,... pero no quieren dejar la “cueva”.
3) Agotamiento físico. Había hecho un viaje
largo por el desierto. A consecuencia del aislamiento las
personas depresivas pasan por su propio desierto, creen
que no tienen nada que valga la pena... no tienen ilusiones,
sueños, anhelos... están como en un desierto,
secos. Se agotan de rumiar, de sus inquietudes ansiosas.
4) Sentía autocompasión, “estoy solo”,
“soy peor que mis padres”, “nadie me apoya”,
y pretendía que se compadecieran de él. Pobrecito
yo.
¿Qué
hizo Dios y en qué orden?
1) Le dio de comer.
“De repente un ángel lo tocó y le dijo:
‘Levántate y come.’ Elías miró
a su alrededor, y vio a su cabecera un panecillo cocido
sobre carbones calientes, y un jarro de agua. Comió,
bebió y volvió a acostarse.” (vs. 5
y 6)
Muchas veces me toca
llegar a la casa de alguien que está depresivo, solo,
aislado, y lo primero que puedo hacer por él es procurar
que coma, porque lo más probable es que no se haya
alimentado en días, el depresivo come mal. Es un
gesto tierno y de amor paternal prepararle una “comidita”
a alguien. Por otro lado, el dar hidratos (“un panecillo
cocido sobre carbones calientes”) da al organismo
cierta vitalidad.
2) Le dio descanso.
“Comió, bebió y volvió a acostarse”
(vs.6b)
Cuando un depresivo
ha pasado días o meses luchando con una inquietud
ansiosa (insomnio) necesita un buen descanso reparador,
no el sopor del sueño de meterse en la cama como
una cueva para no ver las cosas tal cual son.
3) Ejercicio, Movimiento.
“El ángel del Señor regresó y
tocándolo le dijo: ‘Levántate y come
porque te espera un largo viaje.’ Elías se
levantó, comió y bebió. Una vez fortalecido
con aquella comida, viajó cuarenta días y
cuarenta noches”. (vs. 7 y 8)
Mucho tiempo después
la ciencia cree descubrir algo que ya estaba en la mente
de Dios: cuando se pone el cuerpo en movimiento, especialmente
cuando se camina, se libera una sustancia llamada endorfina
que ayuda en la depresión. Además desintoxica,
descontractura.
5) Le propicia un
re-encuentro con Él.
Es en la presencia y en el mover del Espíritu Santo
con su silbo apacible, con el aliento de Dios, donde renacen
las fuerzas.
El re-encuentro con
Dios puede provenir a través de alguien que ore.
La pregunta que debe hacerse es: ¿me permitís
que ore por vos? No es de ninguna manera la oración
desesperada.
Me tocó trabajar
el caso de una persona depresiva, cuya familia inquieta
por el problema, llevó un batallón de oradores
alrededor de su cama. Luego en una ministración apareció
que su registro era: “sentí que me estaban
velando”.
En ese posible re-encuentro
es donde Dios puede hacer con Elías lo siguiente:
volver a orientar sus percepciones y sacarlo de las apreciaciones
erróneas. Recordemos que dos veces el Señor
le dijo: “qué haces aquí, Elías”
“Allí pasó la noche en un cueva. Más
tarde el Señor vino a él. -¿Qué
haces aquí, Elías?...
Cuando Elías lo oyó se cubrió el rostro
con el manto, y saliendo, se puso a la entrada de la cueva.
Entonces oyó una voz que le dijo: -¿Qué
haces aquí Elías?” (vs. 9 y 13)
Dios le dice a Elías
“salí”, tengo que hablarte, pero no te
voy a hablar en el encierro de la cueva, sino donde mi presencia
se manifiesta (en nuestro tiempo, en la Iglesia).
El Señor te
hace pensar: ¿qué hago aquí? Y te dice:
“yo no te puse allí, en la queja, en la autocompasión...
estás confundido.” ¿Qué te da
cuando te manda a pararte en el monte delante de Él?
Su Palabra (que es viva y eficaz)
“...así es también la palabra que sale
de mi boca: no volverá a mí vacía,
sino que hará lo que yo deseo y cumplirá con
mis propósitos.” (Isaías 55:11)
5) Dios encomienda
a Elías una tarea: Trabajo que hacer. Te dice que
aún queda mucho por hacer. Hay propósitos
que Él tiene que cumplir en tu vida. Hay voluntad
de Dios sobre tu vida, tu casa. Y la voluntad de Dios es
buena agradable y perfecta.
Entonces Dios le
ordena la tarea a Elías: ungir a Hazel, ungir a Jehú
y ungir a Eliseo (quien iba a ser profeta en su lugar) con
lo cual le estaba dando compañía fiel, un
espíritu afín. No más soledad, “y
todo el que por mi causa haya dejado... (cualquier cosa)
para servirle recibirá cien veces más....”.
Entonces Dios le dice (nos dice): No sos el único.
No miraste bien. Hay siete mil que no doblaron rodillas
como vos. Mira a tu alrededor hay siete mil que están
en lucha.
“Sin embargo,
yo preservaré a siete mil israelitas que no se han
arrodillado ante Baal ni lo han besado” (1ra. Reyes
19:18)
Las personas depresivas
se ponen como niños que se sienten “el ombligo
del mundo”. “Mírame a mí, lo que
me pasa”, y Dios te dice: “No sos el único.”
Estas personas a
veces nos abruman porque nada les viene bien, no ven la
bendición. Se autorreprochan, tiene ideas de ruina
(todo está mal) y de vacío.
Hay resentimiento
en lo profundo, insatisfacción, reclamo.
¿Qué
provoca el depresivo en su entorno, en quienes lo rodean?
Justamente lo contrario de lo que desea.
En lugar de protección
y defensa hace que las personas se cansen porque nada de
lo que le dan lo puede apreciar. Siempre parece que le falta
más o hace sentir que lo que le dieron no lo conforma.
¿Podemos evitar
la depresión? SÍ.
Manteniendo comunicación
con Dios para llevarle a Él nuestros sentimientos.
Aquellos que pasan por duros sufrimientos y pruebas deben
manifestarle a Dios sus sentimientos en oración en
actitud de obediencia. Job decía:
“Mi ánimo
se agota, mis días se acortan, la tumba me espera.”
(Job 17:1)
Permitir al Espíritu
Santo que ahonde en nuestro pasado. Buscar al Dios de toda
Gracia, incondicional para el amor.
Hay decisiones que
usted - y solo usted – puede tomar.
1) Creer en Jesucristo
para vida eterna.
“Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a
su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él
no se pierda, sino que tenga vida eterna. Dios no envió
a su Hijo al mundo para condenar al mundo sino para salvarlo
por medio de él. El que cree en él no es condenado,
pero el que no cree ya está condenado por no haber
creído en el nombre del Hijo unigénito de
Dios.” (Juan 3:16-18)
2) Vivir de una manera
distinta.
“Salgan de en medio de ellos y apártense. No
toquen nada impuro, y yo los recibiré. (2da Cor.
6:17)
3) Ser bueno y evitar
lo malo.
“Busquen el bien y no el mal, y vivirán; y
así estará con ustedes el Señor Dios
Todopoderoso, tal como ustedes lo afirman. (Amos 5:14)
¿Qué
les podemos sugerir a las personas deprimidas?
? Que eviten estar
solas.
? Que pidan ayuda.
De la depresión no se sale solo, vea cuánto
le envió Dios a Elías. No para que lo “entiendan”
y seguir en la cueva sino para vivir la vida abundante que
Jesús nos promete.
“... yo he
venido par que tengan vida y la tengan en abundancia”.
(Juan 10:10)
? Que alabe, y si no puede, que escuche alabanza. La única
cura para los días de depresión del rey Saúl
fue la música de David.
“Cada vez que
el espíritu de parte de Dios atormentaba a Saúl,
David tomaba su arpa y tocaba. La música calmaba
a Saúl y lo hacía sentirse mejor, y el espíritu
maligno se apartaba de él. (1ra Samuel 16:23)
? Pablo le dijo a
Timoteo: recuerdo y doy gracias.
“Al recordarte
de día y de noche en mis oraciones, siempre doy gracias
a Dios a quien sirvo...” (1ra Ttimoteo 1:3)
Hay que ayudar a
contabilizar las bendiciones, a recordar lo que Dios ha
hecho por nosotros.
? No hablarles demasiado
ni hacer un sermón. Aportar promesas bíblicas.
“Él les enjugará toda lágrima
de los ojos. Ya no habrá muerte, ni llanto, ni lamento,
ni dolor, porque las primeras cosas han dejado de existir.”(Apocalipsis
21:4)
“El Señor
es mi pastor, nada me falta; en verdes pastos me hace descansar.
Junto a tranquilas aguas me conduce; me infunde nuevas fuerzas.”(Salmos
23: 2-3)
“Él
me invocará y yo le responderé; estaré
con él en momentos de angustia; lo libraré
y lo llenaré de honores.” (Salmo 91:15)
? No insistir con:
tenés que poder.
? Invitarlo a “descansar”
confiadamente en la presencia del Espíritu Santo.
“No os dejare
solos” dijo el Señor en Juan 14. Dejó
al que está a nuestro lado, Su Espíritu Santo,
el que intercede por nosotros y pone en nuestra vida la
ayuda necesaria para que no carguemos solos con las pesadumbres
del alma.
? Que busque, que
encuentre en su historia a quién debe perdonar.
(Ante la aparición
de los síntomas, consulte con un médico)
Condensado del libro
“Duelo y Depresión” de Horacio Latté.
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