 |
La
Raíz de las Raíces
Rev. Horacio Latté
Vamos
a considerar el porqué de las
Raíces de Amargura.
¿Por qué razón
quedan raíces amargas en nuestras
vidas?
Y lo primero que te puedo decir es que
una de las causas más importantes,
tal vez más definitorias, por
las que pueden quedar raíces
amargas es la falta de perdón.
|
|
|
 |
|
|
Perdonar
es una llave en la Sanidad Interior que nos abre paso a
la sanidad del alma.
La falta de perdón suele hacer que queden en nuestro
interior raíces amargas.
En Efesios 4:32 leemos: “Mas bien, sean bondadosos
y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente,
así como Dios los perdonó a ustedes en Cristo.”
Esta es nuestra obligación.
Sin embargo, no parece un trámite tan sencillo, porque
si todos pudiéramos perdonar de corazón, fácilmente,
no habría tantas personas afectadas con raíces
de amargura.
Sabemos que el perdón que extendemos es un perdón
inmerecido, la persona al que perdonamos no se merece nuestro
perdón, así como tampoco nosotros no merecemos
el perdón de nuestros pecados que Dios nos dio en
Cristo.
El acto sincero de perdón produce alivio, trae paz.
Perdonar es como
sacarnos una piedra enorme de nuestra espalda y quitarnos
un terrible peso.
Ésta es la
sensación que experimentamos al perdonar una ofensa.
En Marcos 11:25 y
26, la Palabra nos dice que si no perdonamos, Dios no nos
perdona.
Alguien dijo una
vez que “perdonar es recordar las ofensas en paz.”
Es decir, es algo
así como recordar que sí, efectivamente, algo
nos pasó y fue doloroso,… pero no obstante,
podemos recordarlo sin sufrirlo nuevamente.
Los que dicen haber perdonado, pero no tienen paz al recordar
el daño se engañan a sí mismos; algunos
hasta llegan a decir: “A tal persona la perdoné,
pero no me la nombren más en mi vida”. Es evidente
que no hubo un perdón verdadero.
Hay personas que vivieron un hecho doloroso y cada vez que
lo recuerdan entran en estado de angustia, porque el dolor
está ahí vivo, activo, como si recién
hubiera sucedido.
Somos personas con memoria, con historia; el recuerdo puede
estar.
Pero una vez que sanamos, ese recuerdo ya no nos provoca
signos de amargura.
Cuando perdonamos estamos libres del resentimiento.
¿Qué es el resentimiento?….. La palabra
se forma con dos elementos: re - sentir, es volver a sentir
aquí y ahora con los que me rodean, lo que ya sentí
antes y por causa de otra persona.
Supongamos que yo me enojo mucho con una persona y le cargo
con un montón de culpas: “¡Porque has
hecho esto que a mí no me gusta! ¡Estoy muy
enojado contigo!”
Es aquí y ahora con esta persona, pero le estoy diciendo,
y tal vez repitiendo, lo que, en verdad, le correspondía
a aquella otra por lo que me hizo hace tiempo atrás.
Hay que revisar con cuidado cuando uno se enoja.
En ocasiones hasta vemos la causa justificada: “¡Me
enojé con tal persona!, o ¡estoy enemistado
con tal persona por esto, por esto y por aquello otro que
me molestó”! Y damos las explicaciones del
caso.
Pero habría que revisar si la causa de este gran
enojo o de esta ofensa actual, no tiene una raíz
de amargura conectada al pasado y con otra persona.
El perdón es, ante todo, algo que sucede en nuestro
corazón.
Cuando perdonamos, perdonamos dentro de nosotros.
Y no hace falta que esté la persona a la que tenemos
que perdonar allí, delante de nosotros.
¿Por qué digo esto? ….Porque a veces,
sólo podemos perdonar en el recuerdo, ya que la persona
que nos dañó ni siquiera está viva.
Entonces el acto
del perdón es un acto que sucede, primordialmente,
en nuestro interior, en nuestro corazón.
Si además,
después podemos acceder a la persona involucrada
y decirle que la perdonamos, esto es otra posibilidad;…..
pero el perdón, ese perdón genuino del que
estamos hablando, tiene que surgir dentro de nosotros.
A veces sucede que perdonamos a una persona con quien ya
no vamos a tener ninguna relación.
Alguien de un grupo al que pertenecíamos antes que
nos dañó, o un miembro de la familia que nos
robó algo valioso para nosotros……. Y
así y todo, también hay que perdonarlo;….
pero el Señor no le manda que se amigue nuevamente
con él.
Insisto, el perdón es algo que está dentro
de nosotros, en nuestro interior; surge desde nosotros hacia
aquellas personas que pasaron por nuestra vida y nos lastimaron.
Eventualmente, en nuestro diario vivir, nos vamos a encontrar
con personas hirientes a las que vamos a tener que perdonar……
Pero el perdón se extiende aun, cuando la persona
que nos dañó, no esté cerca de nosotros.
Es conmovedor saber cómo algunas personas pudieron
perdonar el horror de los nazis.
Hace poco tuve la oportunidad de leer en un libro el tremendo
testimonio de una mujer judía que había sido
hostigada de niña en los campos de concentración.
Años más
tarde, ella conoció a Jesús y tuvo la oportunidad
de ir a hablar, después de la guerra, a un lugar
donde había alemanes que habían participado
de los castigos y las torturas que ella misma había
padecido.
En esa oportunidad,
esta mujer perdonó a sus agresores. Sin embargo,
no estaban todos ahí, no estaba cada uno de sus castigadores,
pero igualmente los perdonó a todos.
Y fue un testimonio
tremendo, realmente muy fuerte. Los alemanes que habían
sido nazis y estaban presentes, se acercaron a ella a pedirle,
personalmente, que, por favor, los perdonara.
Cuando se produce el acto sincero de perdón, el Señor
abre los cielos….. Algo pasa en la vida de las personas……
Algo extraordinario pasa en los sentimientos…….
Algo se transforma alrededor.
Sabemos que no es
fácil perdonarlo todo,… pero si perdonamos,
la bendición de Dios empieza a actuar de una forma
especial sobre nosotros.
Otra razón para que broten raíces de amargura
es la auto-condenación.
Hay personas que viven cargando con su pasado, como si el
Señor no las hubiera perdonado.
Esto es como no creerle al Señor.
Le quiero compartir un duro ejemplo sobre las terribles
consecuencias que se sufren cuando no se recibe el perdón
del Señor y se cae en la auto-condena.
He ministrado a muchas mujeres que antes de conocer al Señor
han practicado abortos; pero luego de recibir a Cristo,
se han arrepentido de corazón por lo que hicieron
y con dolor en la presencia del Señor.
Sabemos que Él las ha perdonado, sin embargo, muchas
de estas mujeres no han aceptado ese perdón.
Y esto se pone de manifiesto cuando muchas de ellas no pueden
quedar embarazadas.
Entonces nos preguntamos: ¿qué pasó?,
¿hay alguna auto-condena?……La temida
respuesta es: “Dios no me manda hijos por los pecados
que yo cometí anteriormente.”
Personalmente he escuchado decir: “Seguro que no quedó
embarazada por los abortos.”
Es lamentable que no puedan aceptar el hecho concreto del
perdón de Dios.
El Señor dice en Hebreos 8:12, “Yo les perdoné
sus iniquidades y nunca más me acordaré de
sus pecados”.
Éste es el Nuevo Pacto: el Señor ya no va
a tener presente nuestros pecados, nos arrepentimos y nos
perdonó; estamos en una nueva etapa, iniciamos una
nueva vida que Él nos está dando.
Si el Señor es verdaderamente el Señor de
nuestra vida, y Él dice que nos perdona, quiénes
somos para decir que Él no nos puede perdonar.
En Hebreos 12:15 el apóstol Pablo nos dice: "Miren
bien que ninguna raíz de amargura los estorbe"…..
Pero… ¿a dónde debo mirar? A tu interior,
a ese pasado que está molestando tu presente, y te
recomiendo que lo hagas ya…. ahora, no permitas que
ni un segundo más una raíz amarga moleste
tu corazón.
Condensado del libro:
Sanidad Interior “Una
necesidad o una Obligación” del Rev. Horacio
Latté
|