| ¿Dónde
está?
Muchas veces
no sabemos donde esta aquello que no nos permite relacionarnos
adecuadamente.
Busque si no esta en el perfeccionismo, un tema que trastorna
la vida y que trae perturbación a las relaciones
interpersonales en general.
El perfeccionismo tiene un nivel de autoexigencia muy grande
sobre la vida e implica mucha más carga que la que
Dios nos quiere dar.
El que es perfeccionista lleva una carga de exigencia desmedida.
Cuando Él dice que no nos dará una prueba
mayor que la que podamos resistir, es porque nos conoce
a cada uno en nuestras posibilidades y en nuestras limitaciones.
La persona perfeccionista demuestra: primero, ansiedad,
porque nunca está conforme con nada de lo que hace
o de lo que alcanza. En segundo lugar, la persona perfeccionista
no conoce el gozo. Ya alcancé esta meta, y ahora
tengo que seguir a la otra. Pero no goza de eso que logró.
No lo disfruta.
La persona perfeccionista
suele tener ira y enojo frente a los errores y fracasos
de los demás, y también con las propias fallas.
No tolera equivocarse y tiene escasa o ninguna tolerancia
para los errores ajenos.
Es como que nada
puede fallar. “¿No te dije que llevaras el
balde sin tirar una gota en el piso? ¿No sabes hacer
las cosas bien?” Esto es perfeccionismo.
Al perfeccionista
se le va la compasión y la misericordia. Exige tanto
que se olvida de la misericordia y de la gracia de Dios.
A veces el perfeccionismo
lleva a las personas a no hacer nada hasta que las cosas
le salen perfectas. Por lo tanto, el perfeccionista va a
hacer algo el día que esté seguro de que lo
que haga, merece el aplauso o sacarse un diez.
De alguna manera
es una persona que no tolera que le hagan ninguna clase
de comentarios: “Mirá, te equivocaste en esto,
la próxima vez que lo hagas, hacelo de esta manera.”
No tolera ninguna crítica, porque además es
sumamente severo con las críticas hacia los demás.
Para finalizar, te
propongo que a lo largo de esta semana recuerdes lo que
Pablo escribió: “No debemos, pues, dormirnos
como los demás, sino mantenernos alerta y en nuestro
sano juicio”.
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