| Presos
de la Prosperidad
Dice en Isaías 61 que fue ungido y enviado
“...a vendar a los quebrantados”. Quebrantar
significa despedazar con violencia. Hacer
trizas. Estar quebrantado es estar hecho pedazos. Cristo
vino a unir las vidas despedazadas. Vino a componer, a restaurar,
las vidas que están destrozadas, vendarlas y sanarlas.
A veces, la violencia hace que personas o parejas se despedacen.
La violencia no es sólo física sino también
por palabras, hechos o actitudes.
“Toda mi vida conté monedas y ahora también”,
“no estaba preparada para esto” me escribió
una mujer refiriéndose a su matrimonio. Muy poco
tiempo después abandono su hogar.
Dentro de la violencia también está el abandono.
Dejar, por ejemplo, el hogar por no lograr satisfacer
deseos económicos o por no acostumbrarse a la vida
en pareja es una forma de violencia. Sin duda, esto es un
ejercicio de violencia, aunque a veces no lo parezca o se
lo considere así.
Además dice: “...a proclamar liberación
a los cautivos y libertad a los prisioneros”. Hay
personas que están presas de la prosperidad económica
y en algunos hasta produce trastornos de ansiedad. Están
presas, frecuentemente, de sus propios temores.
A estos presos quiere libertar Jesús. A los que están
presos de angustia. A los que están dominados, presos
por compulsiones, como por ejemplo, de la compulsión
de hacer cosas sin poder pensar.
Hay personas que viven cautivas del exitismo empeñando
su salario para vivir en lugares donde podrían conocer
otra gente y alcanzar un peldaño más. Camuflan
con: “era lo único disponible”. Ese afán
de “éxito” las tiene cautivas
de la angustia por pagar aquello que excede a sus posibilidades.
Han prosperado pasando de la soledad a formar hogar; parafraseando
la parábola del hijo perdido “Traigan la mejor
ropa para vestirlo. Pónganle un anillo en el dedo…”,
pero viven prisioneros de ver que más van a recibir.
También estos son presos. Están presos en
conductas que no pueden dominar.
Jesús quiere abrir las cárceles a los que
están encarcelados por la ansiedad, el miedo.
No solo puede pulverizar los cerrojos de la angustia y otras
formas de cautiverio, sino que puede hacernos comprender
cuáles fueron las causas que provocaron tales sentencias.
Para finalizar, te propongo que a lo largo de esta semana
recuerdes lo que escribió Pablo: “Su destino
es la destrucción, adoran al Dios de sus propios
deseos y se enorgullecen de lo que es su vergüenza.
Solo piensan en lo terrenal”.
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