| Restaurar
Cuando Dios restaura algo o a alguien, lo mejora, supera
el estado original; todo crece, se multiplica, se transforma.
Restaurar en el Nuevo
Testamento se usa como “volver algo dañado
o roto a su uso propio.” Esta expresión se
usaba para designar las redes (de pesca) dañadas
o los huesos del cuerpo.
Nosotros podemos
ser restaurados de nuestras “roturas” (heridas,
dolores, resentimientos).
Llegamos a Cristo como llegamos, afligidos, desalentados,
cada uno con su propio lodo; con una necesidad espiritual.
Se lo confesamos todo a Él, como Señor de
nuestra vida; hay arrepentimiento, perdón por el
Nuevo Pacto, (ya no es necesario hacer sacrificio ni pago
de culpas) entonces, comienza el perfeccionamiento, no por
obras, sino por Gracia de Dios.
“El que comenzó
en vosotros tan buena obra, la irá perfeccionando
hasta el día de Cristo Jesús.” (Filipenses
1: 6) Irá perfeccionando, implica un proceso.
Hay cosas que reconocemos
que debemos modificar o dominar, somos conscientes de ello.
Pero, ¿qué de aquello que no podemos evitar
(ansiedad, temor, culpa), cuyas causas desconocemos?
Dice la Biblia que
el Espíritu Santo “alumbra el lugar oscuro”.
Muy a menudo vemos
personas que pasan mucho tiempo en estado de angustia, se
sienten agobiados, sufren temores o tienen problemas de
relación (en la familia, en el trabajo, con amistades).
Está contemplado
en la Biblia el hecho de que hay ciertas actitudes que no
pasan por un buen manejo de la voluntad, y aún más,
frecuentemente no logran comprenderse (compulsiones, repeticiones).
“Porque lo
que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino
lo que aborrezco, eso hago”. (Romanos 7: 15)
Si las heridas del
alma no reciben un tratamiento especial, se infectan, se
inflaman, se dispersan, enferman el espíritu.
La Sanidad Interior
es un camino a la santidad que me permite estar en libertad
con respecto a los resentimientos, rencores, odios, angustias,
tristezas y demás sensaciones desagradables que dejaron
en mí las heridas no sanadas; heridas que, además,
condicionan mi presente y mi relación otras personas.
Se trata de un recorrido
activo por los recuerdos, por los lugares oscuros de la
persona, por sus profundidades más encubiertas, para
que conozca las raíces internas del malestar que
se ve en la superficie. Es necesario conocer los factores
que causaron los trastornos emocionales y espirituales.
Para finalizar, te
propongo que a lo largo de esta semana recuerdes lo que
Jesús dijo:“Y conocerán la verdad y
la verdad los hará libres.” (Juan 8:32).
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