| El
Segundo Toque
Para que el Espíritu Santo haga su obra sanadora
en nuestro ser interior, en nuestras emociones, necesitamos
recibir un “Segundo Toque”.
Los cristianos recibimos
el primer toque. Él, un día toca nuestro corazón;
confesamos que es el Señor y Salvador de nuestra
vida.
Pero necesitamos
abrir aún más nuestro corazón, para
que esas "buenas nuevas" penetren en nuestro ser,
y Él nos vaya sanando de nuestras emociones dañadas,
de nuestros recuerdos dolorosos, de todo aquello que no
podemos cambiar.
Observa cómo
Jesús te muestra este “segundo toque”
en la sanidad del ciego de Betsaida, relatada en Marcos
8:22
"Cuando llegaron
a Betsaida, algunas personas le llevaron un ciego a Jesús
y le rogaron que lo tocara.
El tomó de la mano al ciego y lo sacó fuera
del pueblo. Después de escupirle los ojos y de poner
las manos sobre él, le pregunto: ¿Puedes ver
ahora?
El hombre alzó los ojos y dijo: -Veo gente; parecen
árboles que caminan. Entonces Él puso de nuevo
las manos sobre los ojos, y el ciego fue curado: recobró
la vista y comenzó a ver todo con claridad. Jesús
le mando a la casa con esta advertencia: No vayas a entrar
al pueblo.”
¿Qué es lo primero que hizo Jesús?
Lo tomó de la mano y lo sacó fuera del pueblo.
A veces estamos en
el lugar equivocado para que el Señor trate con nuestras
enfermedades y dolencias.
Habitualmente, estamos
rodeados de personas inapropiadas. Y estamos tan perturbados,
tan ciegos, que creemos que si no tenemos "eso"
nos morimos.
Nos puede causar
dolor y hasta rabia,… pero Jesús sabe lo que
no es bueno para tu vida.
Si te da una orden,
dejá que te tome de la mano y te ponga donde Él
quiere.
Jesús escupió
y puso la mano encima del ciego. Hizo el Primer Toque. Sólo
de Él viene la sanidad.
Jesús le preguntó:
¿Puedes ver ahora? Y la respuesta fue: “Algo,
veo gente; parecen árboles que caminan".
En el momento del
encuentro entre Jesús y el ciego se entabló
un diálogo y una relación como con el médico:
“Doctor, me duele la rodilla, pero puedo caminar.”
Ese diálogo
es la Oración Específica para la Sanidad del
alma.
Aparentemente este
hombre tenía una fe débil; Fue llevado por
otros a conocer a Jesús, fueron otras personas quienes
comenzaron a rogarle por él.
Pero luego conoció
a Jesús, y desde entonces, la Sanidad fue algo personal,
a través de la comunicación y la comunión
con el Señor.
Con esta sanidad
gradual la fe de este hombre se fortalecía, y con
esa fe, se dejó guiar por Él.
Entonces, el Segundo
Toque completó la obra que ya se había iniciado.
¿Finalmente,
qué le dijo Jesús? No vuelvas al lugar de
donde te saqué.
¿Cuál
es tu pueblo? No insistas. Esta es una condición
para mantenerte sano.
No vuelvas al lugar
que te contamina, no vuelvas a la carne, anda en el espíritu.
Desarrolla tu visión espiritual, mira con los ojos
que Jesús te puso.
Dale la espalda a
ese pueblo donde quedaste ciego.
Dice la Palabra que
este hombre quedó restablecido y vio claramente a
todos.
Cuando Dios restaura,
mejora el estado inicial; Él pone ojos donde no los
hay.
Cuando estás
con tus emociones alteradas o con tu mente perturbada estás
como el ciego de Betsaida, confundido.
Cuando recibís
la luz espiritual, podes ver cada vez con más claridad,
mejor que antes.
Si dejás que
el Espíritu Santo entre a ese interior, casi siempre
confuso y oscuro, vas a conocer qué cosas deben ser
sanadas, y tu oración podrá ser cada vez más
específica.
Para finalizar,
te propongo que a lo largo de esta semana recuerdes lo que
Pablo escribió: "Estoy convencido de esto: el
que comenzó tan buena obra en ustedes la ira perfeccionando
hasta el día de Cristo Jesús."
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