| CONSOLACIÓN
¿Qué
pasa con la consolación al enfermo terminal? ¿Qué
pasa con la consolación cuando se produce la partida
de un ser querido?
Es lamentable que
la gente no tenga palabras de consolación, pero es
aun más triste comprobar - como en mi experiencia-
la cantidad de pavadas que se dicen por no saber qué
decir.
Entre muchos casos
recuerdo el de una "líder" que frecuentemente
llamaba a mi esposa (según ella para consolarla)
e insistentemente la invitaba a revisar su vida para ver
si no tenía algún pecado que confesar (a la
fuerza tenia que haber pecado), ya que esa debía
ser la causa de la enfermedad.
Nunca pude coincidir
en casa con los llamados de esa “guerrera de oración”
–como la llamaba su líder mesiánico–
para enseñarle que Elíseo, el único
hombre al que la Biblia le atribuye la doble unción,
contrajo una enfermedad de muerte, según 2da. de
Reyes. Con esa actitud sólo le agregaba dolor al
dolor.
Otra frase que escuché
mucho en los días del luto fue: "no sé
que decirte" o "no tengo palabras".
El consejo que puedo
dar es: si no tiene algo concreto y consolador para decir,
no abra la boca.
Debemos dar a conocer
el amor de Dios.
Debemos ser canales del Dios de toda consolación.
Por eso, debemos pedirle sabiduría a Él para
tener palabras oportunas.
"Alabado sea
el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre
misericordioso y Dios de toda consolación, quien
nos consuela en todas nuestras tribulaciones para que con
el mismo consuelo que de Dios hemos recibido, también
nosotros podamos consolar a todos los que sufren".
(2da Corintios 1:1-4)
Te recomiendo leer
lo que se encuentra en la segunda carta a los Corintios.
"Nos vemos atribulados
en todo, pero no abatidos; perplejos, pero no desesperados;
perseguidos, pero no abandonados; derribados, pero no destruidos…”.
Pablo alaba al Dios
de toda consolación, enumera sus azotes, apedreos,
naufragios, peligros de ríos, de ladrones, de los
gentiles; peligros con falsos hermanos; desvelos, hambre
y sed, fríos y desnudez.
Pablo aprendió a encontrar consuelo en su Dios y
este es el consuelo que nosotros debemos llevar o el que
deberíamos recibir.
Presentamos a Jesucristo,
quien sabe y comprende el dolor.
Las personas “vivimos”
por las promesas, no por explicaciones teológicas.
Necesitamos una mejor relación con el Señor,
no tantas explicaciones.
Dice en Deuteronomio:
"Lo secreto le pertenece al Señor nuestro Dios,
pero lo revelado nos pertenece a nosotros y a nuestros hijos
para siempre, para que obedezcamos todas las palabras de
esta ley"
El AMOR nos es revelado
antes que nada al corazón y luego, hay tiempo para
contestar las preguntas de la muerte.
Para finalizar,
te propongo que a lo largo de esta semana recuerdes lo que
David escribió: “Por eso los fieles te invocan
en momentos de angustia; caudalosas aguas podrán
desbordarse, pero a ellos no los alcanzarán”.
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