Envidia

El diccionario de la Lengua Española define envidia como: Tristeza o pesar del bien ajeno y como emulación, deseo de algo que no se posee.

Y si nos vamos al plano psicológico podríamos definirlo como un resentimiento irracional causado por desear el bien ajeno.

También podemos describir la envidia como un disgusto que nos provoca la posición que otro ocupa o a sus cualidades.

Puede llegar a obsesionarnos con querer tener lo que otros tienen.
Y podría llenar toda esta reflexión con descripciones sobre este sentimiento desviado pero hay algo notable en estos días, el consumismo y el estatus nos impulsan hacia este resentimiento por lo que otros alcanzaron y yo no.

Esto nace sin casi darnos cuenta, el trabajo consiste en poder admirar a otras personas por aquello que han alcanzado, de lo contrario podré caer en la envidia.
El envidioso jamás esta contento con los logros que otros tienen.

Estará buscando un defecto a lo bueno que el otro obtuvo, y si no lo encuentran lo inventan para desacreditar al “causante” de su envidia.
Generalmente nada los conforma. Viven criticando lo que otros proyectan hacer o hacen.

La envidia no solo nos la produce el nuevo auto que compro el cuñado, o las vacaciones caribeñas que relata un compañero de trabajo. Puede ser provocada por cualquier cosa o acto que a otro le ocurre y a mi no.

Hace pocos años atrás un hombre, con quien compartíamos una mesa directiva, llego formalmente a pedirme perdón por haberme envidiado; cuando le pregunte porque me había envidiado su sorprendente respuesta fue: porque enviudaste.
Fíjese como esa envidia provocó una doble falta, la propia y la del deseo de ver muerta a su esposa.

En varias oportunidades un hombre de mi edad, otro compañero en la directiva, me expreso su envidia por la diferencia de edad que tenia con mi esposa. Nuevamente se presenta la doble falta, en este caso a la envidia la acompaña el deseo carnal.

Es insondable hasta donde nos puede llevar la envidia y como puede actuar en personas que se supone conocen lo que Pablo escribió en la carta a los Gálatas:
"Las obras de la naturaleza pecaminosa se conocen bien: inmoralidad sexual, impureza y libertinaje; idolatría y brujería; odio, discordia, celos, arrebato de ira, rivalidades, disensiones, sectarismo y envidias; borracheras, orgías y otras cosas parecidas. Les advierto ahora, como antes lo hice, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.

Como todas las experiencias del hombre, la envidia es una decisión. Jesús le pregunto al invalido en Juan 5 “¿queres ser sano?
Por eso le guste o no, usted decide si envidia o vive bien.

Me gusta la comparación de que la envidia es como un cáncer, si no se lo trata crece y termina matándote. “El precio del pecado es muerte”

Para finalizar te propongo que a lo largo de esta semana pienses en lo que dice el libro de Job: "El resentimiento mata a los necios; la envidia mata al insensato”.

 


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