Mi voluntad

Pedimos, pedimos y no tenemos lo que queremos conseguir. Tal vez, queremos conseguir algo para nuestros propios deleites, y estos deleites no son la voluntad de Dios.

Otra causa de las raíces de amargura es: no conseguir lo que deseamos.
Somos seres humanos que tenemos que ser perfeccionados.

Y los seres humanos muchas veces queremos cosas o tenemos deseos; ahora bien, si no conseguimos lo que deseamos, fácilmente nos enojamos y andamos amargados.

La carta de Santiago, capítulo 4, verso 3, nos dice: “Pedís y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites”. Y también en Romanos 7:8 nos enseña que “los designios de la carne son enemistad con Dios”.

Una hermana que vivía en la zona sur me contó que asistía a una iglesia del centro de la capital porque: “Quería que el Señor me diera ese muchacho para que sea mi novio.” Pero ese muchacho se fijo en otra. Entonces, esta hermana se llena de amargura y se enoja con el muchacho, con la otra hermana y hasta con Dios, al punto que deja de asistir a la iglesia. Y paso un tiempo apartada.

Pedimos, pedimos y no tenemos lo que queremos conseguir. Tal vez, queremos conseguir algo para nuestros propios deleites, y estos deleites no son la voluntad de Dios.

Nos cuesta mucho a los cristianos hacer y aceptar siempre la voluntad de Dios.
Cuando la voluntad de Dios es que seamos prosperados, ¡qué buena la voluntad de Dios! Cuando la voluntad de Dios es que seamos sanados de alguna enfermedad, ¡qué hermosa es la voluntad de Dios!

Cuando la voluntad de Dios es: “esto no es para ti”, nos cuesta mucho aceptarla.
Entonces queremos escaparnos de la voluntad de Dios, decimos por ejemplo: “Bueno, el domingo voy a venir a la reunión, si Dios quiere”.
Dios quiere, está escrito; no le busque una voluntad nueva al Señor.

Hay tantas cosas que sí, Dios quiere que las hagamos; ya están escritas en la Palabra y no tenemos que dar un rodeo para a saber si Dios las quiere o no.
Algunas cosas debemos saberlas por oír la Palabra, por crecer en la Palabra, por conocer la voluntad de Dios, a través de su Palabra revelada.

Hace un tiempo, un amigo que pertenece a la iglesia tradicional, me decía que cuando rezaba el Padrenuestro y llegaba a la parte que dice: “hágase tu voluntad”, se callaba, porque tenía miedo de que la voluntad de Dios implicara hacer algo que él no quería.

Sabemos por Romanos 12:2, que la voluntad de Dios es buena, agradable y perfecta. Es decir, si nosotros estamos cumpliendo la voluntad de Dios, en lo que la Biblia dice expresamente, vamos a estar en armonía con Él y vamos a poder recibir esta voluntad suya agradable y perfecta para nuestras vidas.

Para finalizar, te propongo que a lo largo de esta semana recuerdes lo que Juan escribió: “El mundo se acaba por sus malos deseos, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre”.

 


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