Diferencias

Durante el pasado Congreso de Sanidad Interior para Mujeres, mientras exponía uno de los temas, observé como se producía una transformación muy singular.

A las diez de la mañana, al comenzar el evento, aquello parecía una Torre de Babel. Se podían “oír” una diversidad de lenguas no entendibles por quienes no la conocían. Hago esta figura porque las asistentes provenían de iglesias que iban desde muy pequeñas de alguna provincia hasta “la grande” en tamaño de la zona norte de la capital argentina y otras de diferente credo.

Parecía aquello una diversidad de razas, se veían mujeres con sus cabezas cubiertas por mantillas y otras cabezas que marcaban su paso por la peluquería el día anterior.

Una dama con larga falda cubriendo sus tobillos y la que estaba sentada al lado luciendo un jean bordado y blusa a la moda.

Unas muy jóvenes y otras cuya juventud física transcurrió hace mucho tiempo, pero todas buscando ser sanas interiormente para disfrutar la vida abundante que Jesús vino a darnos.

En un instante todas esas mujeres tan diferentes, comenzaron a ser iguales. Comenzaron a ser una al sentir lo mismo: la presencia del Espíritu Santo.

Se “cayo” la Torre de Babel y surgió Pentecostés.

Parecía escucharse “¿No son galileos todos estos que están hablando? ¿Cómo es que cada uno de nosotros los oye hablar en su propia lengua?”.

Se terminaron las diferencias, todos los corazones escuchaban el mismo idioma: “…todos por igual los oímos proclamar en nuestra propia lengua las maravillas de Dios”.

A medida que se acercaba el cierre del Congreso a ese “unánimemente juntos” del capitulo 2 del Libro de los Hechos podía percibirlo más y más.

Y ahora transcurridos unos días pienso si los varones dejásemos de ser históricos, tradicionales, renovados o cualquier otra de las tantas “marcas” que hemos inventados los hombres y adoptamos esa preciosa sensibilidad de nuestras hermanas de unirnos bajo la poderosa unción de Dios y permanecer ahí, ¿no seria más saludable? No les sucedería a los hombres como Pedro les dice a las mujeres en su primera carta: “… pueden ser ganados más por el comportamiento que por sus palabras”.

El crear diferencias -hasta hoy- no ha dado resultado; América latina aún no ha sido ganada para Cristo.

Para finalizar, te propongo que a lo largo de esta semana recuerdes lo que Pablo escribió: “Vivan en armonía los unos con los otros. No sean arrogantes, sino háganse solidarios con los humildes. No se crean los únicos que saben”.

 


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