El temor más grande de las personas, en general, es al fracaso. Tienen miedo de fracasar. No entran en el juego de la vida.

Son estas personas que desde siempre escucharon: “Te vas a caer, te vas a lastimar, te vas a golpear, te vas a ensuciar”.

Vale decir que todo movimiento es tan peligroso, que les resulta temeroso hacer algo. Les causa temor, porque sobre ellos hay una declaración de fracaso sobre todo lo que hagan. “Te vas a golpear, te vas a caer, te vas a matar.”

Esto no quiere decir que no haya que cuidar a los niños o prevenirlos de los posibles daños, pero una cosa es decir que deben tener cuidado con algo que puede ser peligroso y hay que tomar ciertos recaudos, y otra muy distinta es estar declarando derrota en forma permanente.

Las personas con temor al fracaso no entran al juego de la vida, es decir, no se animan a intentar hacer algo, a disfrutar la vida, son personas que ya tienen incorporado sobre sí que cualquier cosa que hagan puede a ser peligrosa o nociva.

Necesitan restablecer relaciones confiables, relaciones de confianza donde no sean juzgadas permanentemente y donde sean estimuladas sobre los éxitos que pueden tener.

Me refiero a decir, por ejemplo: “¡Qué bien que hiciste esto! ¡Qué bueno, cómo colaboraste hoy!, ¡qué bien nos vino tu ayuda!” Necesitan ser aceptados tal cual son, como Dios hace con todos nosotros. Dios nos acepto con nuestros defectos.

Hay personas que tienen temor por haber sido excesivamente sobreprotegidas. Son esas personas que en la vida dicen: “No, yo no puedo. No voy a poder. No, yo no sé. Esto no es para mí”. Son aquellos que toda su vida escucharon: “Déjame, mi amor, tú no sabes, mamá te lo hace. No vas a poder. Déjame, mejor lo hago yo. Porque no te va a salir, o te va a salir mal”.

Quienes escuchan este tipo de expresiones, terminan teniendo temor a actuar. Es necesario que puedan probarse a sí mismos, que se equivoquen, que aprendan con su propia experiencia, y que además, sean aceptados con errores y todo.

Para finalizar, te propongo que a lo largo de esta semana recuerdes lo que Salomón escribió: “Los planes bien pensados: ¡pura ganancia! Los planes apresurados: ¡puro fracaso!”.