En las reflexiones de las próximas tres semanas quiero acercarte consejos prácticos que pueden ser de ayuda a la hora de entablar relaciones o afianzarlas.

Las relaciones no suceden de la nada, sino que se construyen, se trabajan cada día.

Sería absurdo pensar que podemos tener comunión con Dios sin orar, sin adorarle, sin presentarnos diariamente en la presencia del Señor.

Del mismo modo, nuestras relaciones se nutren y fortalecen cada día con acciones y actitudes concretas.

Debes reconocer que Dios interviene en tus relaciones interpersonales y afírmarlas con un pacto delante de Él. “Que el Señor sea siempre testigo del juramento que tú y yo nos hemos hecho”. (1ª Samuel 20:23).

Unirte a otros te hace fuerte y te garantiza la victoria: “Uno solo puede ser vencido, pero dos pueden resistir. ¡Las cuerdas de tres hilos no se rompen fácilmente!” (Eclesiastés 4:12).

La calidad de tus relaciones depende de la clase de personas con las que elijas interactuar. Las personas que están a tu lado revelan quién sos. “El que con sabios anda, sabio se vuelve; el que con necios se junta, saldrá mal parado” (Proverbio 13:20).

Demostrá a través de tus hechos y actitudes que tenes sabiduría de Dios; esto hará que otras personas anhelen estar contigo.

Una buena presentación trae aparejada un acercamiento y una relación posterior.

Abigail se presentó de tal modo ante David que él sólo pudo decir: “¡Bendito sea el Señor, Dios de Israel, que te ha enviado hoy a mi encuentro! ¡Y bendita seas tú por tu buen juicio...!” Más tarde la pidió como esposa.

Expresá en forma concreta tu relación de amistad: con palabras, con regalos y con actitudes claras para que la relación se alimente, se fortalezca y crezca. “El hombre que tiene amigos ha de mostrarse amigo...” (Proverbio 18:24).

El valor de aquello que compartís determina el valor que la relación tiene para vos. Jonatan se desprendió de cosas que tenía puestas para obsequiárselas a su amigo David.

Para finalizar, te propongo que recuerdes lo que dice en el Primer Libro de Samuel: “Tanto lo quería, que hizo un pacto con él: se quitó el manto que llevaba puesto y se lo dio a David; también le dio su túnica, y aun su espada, su arco y su cinturón.”