Continuando los consejos
para mejorar las relaciones que comenzaron en la reflexión
de la semana anterior te acerco estos otros.
No calles la bendición. ¡Declarala!
Escribí una nota, un e-mail, una carta o una tarjeta donde
expreses con tus palabras lo que esa persona (esposo/a, pastor,
amiga/o, hijo, etc.) significó en determinado momento de
tu vida o lo que aún representa para vos.
Este tipo de mensajes tienen un valor terapéutico comprobado.
Una crisis o un desencuentro en una relación puede implicar
dos cosas: o la ruptura de dicha relación o la posibilidad
de continuar la misma en un nivel superior de confianza y compromiso,
donde se comparta “todo”. “Y hay amigos
más fieles que un hermano.” (Proverbio 18:24)
Buscá más de Dios para tu vida. En las relaciones
con otras personas podemos dar lo que tenemos tanto como lo que
somos.
Las personas se sienten atraídas hacia aquellos que tienen
riqueza y belleza interior. La unción del Espíritu
va a atraer gente a tu lado. "…Tu pueblo será
mi pueblo, y tu Dios será mi Dios.” (Rut 1:16)
A algunas personas, Dios las trae deliberadamente a tu vida; a
otras las buscas vos.
Captá la diferencia. Discerní a aquellos que, en
verdad, te bendicen y te promueven a un sitio diferente, de aquellos
que no marcarán una diferencia en tu vida, o que te mantienen
estancado en un mismo lugar.
“Sólo el que te ama te ayuda a crecer”. Si
te aman harán algo concreto por bendecirte. Si vos amas
harás algo concreto por bendecir.
Si en una relación sólo hay palabras y no hay acción,
las palabras sonarán como metal que retumba. Pronto la
relación se desgastará y terminará por esfumarse.
Si algo no funciona o te molesta en una relación determinada,
cambiá tu manera de acercarte al otro, pero no trates de
modificarlo.
No te corresponde decir a los demás lo que deben hacer,
pero es tu obligación saber exactamente qué clase
de relación querés tener con ellos.
Aprende a convivir con las diferencias. No pongas en juego ni
sacrifiques una relación por un punto de vista diferente.
Una relación valiosa es mucho más que una idea.
Cuando idealizas a alguien, te metes solo en el camino de la desilusión,
que no tardará en llegar. No confundas la novedad de la
relación con la persona involucrada en ella.
Las actitudes capciosas, controladoras y ambiguas entorpecen las
relaciones y terminan erosionándolas. Se impone la necesidad
de ser honestos, sinceros, transparentes, y de tener compromiso
con la verdad.
Los pilares de las relaciones interpersonales son la verdad,
la fidelidad y la confianza.
Si falta uno de ellos, la relación que establezcas será
una preocupación y una carga, mientras dure.
Dios está buscando personas fieles para sus propias relaciones.
Para finalizar, te propongo que recuerdes lo que el salmista escribió:
“Pondré mis ojos en los fieles de la tierra,
para que habiten conmigo; sólo estarán a mi servicio
los de conducta intachable”.