Una queja recurrente de hombres y mujeres creyentes que transitaron el flagelo del divorcio es la discriminación dentro de la iglesia.

Una hermana de tres generaciones evangélicas se casó con un hermano en la fe y lamentablemente su matrimonio duró unos cuatro años, por idas y venidas de su esposo.

Pasaron cerca de veinte años y desde entonces no pudo servir al Señor en la denominación donde nació porque los “sobreveedores” por su divorcio no se lo permiten.

Y sí le permitían diezmar, algo que hace fielmente. Vi los recibos de la fundación que ampara esa octogenaria iglesia.

Servir al Señor, no. Ingresar dinero a la fundación, sí.

Este es solo uno – a manera de ejemplo – del sin número de testimonios que he escuchado en el último congreso “Sanando el Corazón del Divorciados”.

Si no es discriminación, dígame como llamarlo.

La primera mujer que predicó sobre el Señor tuvo cinco maridos (Juan 4:28), Jesús, por la predicación de ella, tuvo que quedarse a hacer una “cruzada” o “campaña” o “conferencia” de dos días en ese lugar (Samaria) y le reveló como quiere el Padre que lo adoren: “en espíritu y en verdad”.

Jesús decía: “vete y no peques más” o “no vuelvas a la aldea de donde te saque”. La iglesia en cambio disciplina.

Entre las conclusiones de FIPA sobre “Divorcio y Nuevo Casamiento” de su declaración de la 23ª Convención Nacional, están las siguientes:

La Palabra de Dios establece un marco de referencia y no una postura dogmática.

Cada caso requiere un tratamiento particular puesto que cada situación tiene connotaciones propias. Por lo tanto cada ministerio debe considerar en forma diferenciada dichas problemáticas.

La Federación cree que la familia es la primera institución creada por Dios, y que a través de ella se deben transmitir los valores y principios de la vida cristiana. Razón por lo cual consideramos que el divorcio seria la ultima alternativa para resolver un conflicto matrimonial luego de agotar todas las instancias posibles.

Esa es una postura digna, de hombres que no tuvieron miedos y que en apego a la Palabra aman a todos.

Para finalizar, te propongo que a lo largo de esta semana recuerdes lo que Santiago escribió: “No hay más que un solo legislador y juez, aquel que puede salvar y destruir. Tú, en cambio, ¿quién eres para juzgar a tu prójimo?".