El
teólogo y politólogo norteamericano Reinhold Niebuhr
(1892-1971) dejó una oración que sería bueno
que todos pudiésemos pedirle a Dios como él lo hacia:
“Dios
concédeme serenidad para aceptar
las cosas que no puedo cambiar,
valor para cambiar las cosas que sí puedo
y sabiduría para reconocer la diferencia”.
Se
dice que alguien tiene serenidad cuando es apacible,
sosegado, sin turbación física o moral.
Valor es la cualidad del ánimo, que mueve
a acometer resueltamente grandes empresas y a arrostrar los peligros;
tambiénsignifica: impetuosa decisión y esfuerzo
del ánimo.
Y sabiduría es el grado más alto
del conocimiento, o una conducta prudente en la vida.
Digo
pedirle a Dios, refiriéndome a esos momentos en los que
suceden hechos o alguien tiene actitudes que no son las que deseamos
o que no nos hacen feliz. Esos en los que solemos decir: ¿porqué
a mí? ¡Justo a mí me viene a pasar esto!Aceptar
es reconocer que lo sucedido, sucedió.
Ese es el momento de pedir serenidad para darme cuenta que el
hecho escapa a mis fuerzas, a mi intervención.
A veces tenemos que cambiar algo en el trabajo, en una relación
o en lo personal y seguimos dando y dando vueltas a lacircunstancia
que nos está dañando.
Puede que no supiste cómo hacerlo, a través de está
oración tenés la clave: pedirle a Dios el valor
para dar ese paso.
En cuanto a serenidad y valor podríamos llenar páginas,
y podes estar o no de acuerdo conmigo; pero en cuanto a sabiduría
para reconocer la diferencia no hay, como se dice por
ahí: “vuelta de hoja”.
La biblia dice que “El principio de la sabiduría
es el temor a Dios”, lo primero para comenzar a “reconocer
la diferencia” entre lo que puedo o no cambiar es reconocer
a Dios en nuestros caminos.
Sabé que “el temor de Dios” además de
ser el comienzo (o principio regulador) de la sabiduría
(Sal. 111:10); es el secreto de la rectitud (Pr. 8:13); es una
de las características de las personas en las que Dios
se deleita (Sal. 147:11), y es el deber total del ser humano (Ec.
12:13).
¿Y cómo encuentro esa sabiduría?
Para finalizar, te propongo que a lo largo de esta semana recuerdes
lo que Santiago escribió: “Si a alguno de ustedes
le falta sabiduría, pídasela a Dios,
y él se la dará, pues Dios da a todos generosamente
sin menospreciar a nadie”.