Para abordar con seriedad el tema del alcoholismo es necesario que se le dé la categoría de enfermedad y que, como tal, sea entendida su recuperación.

La Organización Mundial de la Salud la define como enfermedad y habla de compulsión física y de obsesión mental por beber.

Para iniciar un camino de recuperación debe admitirse, aceptar, que se tiene problemas con el alcohol. Dios es “luz” que permite “ver y reconocer”.

Primero la luz después el orden. En ese sentido deben estar dirigidas las oraciones de quienes claman por las personas atrapadas por el alcoholismo.

Que la “verdad” –Jesucristo- permita reconocer la debilidad. La obra es desde adentro hacia afuera y Dios es capaz de realizarla si se la pedimos.

Luego debe existir el deseo de dejar de beber. Solo el alcohólico sabe que ese deseo parece no llegar nunca, pero hay una promesa maravillosa de la que se puede echar mano: “…pues Dios es quien produce en ustedes tanto el querer como el hacer para que se cumpla su buena voluntad”.

Un alcohólico no se recupera solo, el Espíritu Santo utiliza a otras personas en recuperación.

Estando en los caminos del Evangelio, es recomendable recurrir a los líderes para que guíen a encuentros con personas recuperadas que puedan compartir sus experiencias en la misma aflicción.

Aquellos que han alcanzado la sobriedad son los más indicados para ayudar a un alcohólico, entendiendo sobriedad no solo como el hecho de detener la ingesta sino como un cambio espiritual.

Por lo general un alcohólico esta “ebrio” de resentimientos: de lo que le sucedió, de lo que no pudo ser, de lo que le quitaron, de lo que le faltó.

“Abandonen toda amargura, ira y enojo, gritos y calumnias y toda forma de malicia” Efesios 4:31

La clave está en una palabra: el perdón. Cuesta tanto perdonar... suele llegar a ser doloroso.

Tan doloroso como el sacrificio que Cristo vivió en la cruz para que nosotros fuésemos perdonados.

Cuando podemos creer en el perdón de Dios frente a nuestro arrepentimiento sincero, aprenderemos a perdonar como Él.

Muchas veces no se es librado de la opresión de un dictador, como el alcohol, porque en lo más íntimo no se ha perdonado o no ha habido un sincero reconocimiento de lo erróneo de ciertas actitudes.

Estos resentimientos conducen a otra característica: la ira. “La respuesta amable calma el enojo, pero la agresiva echa leña al fuego”. Proverbios 15:1.

La personalidad alcohólica se caracteriza por la soberbia.

Está escrito que sólo humillándose ante Dios, Él nos exaltará a su debido tiempo (1º de Pedro 5:6)

La lujuria suele apoderarse de las personas que padecen alcoholismo. “Por haber sufrido él mismo la tentación, puede socorrer a los que son tentados”. Hebreos 2:18.

Para finalizar, te propongo que a lo largo de esta semana recuerdes lo que Pablo escribió: “No se emborrachen con vino, que lleva al desenfreno. Al contario, sean llenos del Espíritu”.